5 razones por las que el Camino de Santiago te cambiará para siempre

Descubrirte a ti mismo, superar un duelo, probar tus límites… Los lugares comunes son muchos cuando hablamos del Camino de Santiago. En realidad, de poco sirve compartir o leer las experiencias de otros peregrinos, más allá de intentar contagiar las ganas a los demás o de aclarar dudas. Para comprender el Camino, hay que sentirlo en primera persona. Si estás leyendo estas líneas, ya has dado probablemente el primer paso.

En esta entrada compartimos algunas de nuestras reflexiones con vosotros con al única intención de haceros partícipes de esta experiencia tan especial. Ojalá algún día podáis volver a este blog e identificaros con las sensaciones que hemos querido transmitiros.

l'europe s'est faite grâce au pelegrinage à compostelle
Europa se hizo peregrinando a Compostela. Goethe.

1) Caminar, no correr.

En este mundo nuestro de objetivos y plazos; donde optimizar el tiempo es una religión; donde consumes para ser y eres para vender. En este mundo donde aburrirse es un pecado y la empatía una muestra de debilidad, el hecho de colgarte una mochila e irte a caminar al campo varios días en medio de desconocidos constituye un pequeño acto revolucionario. Durante el Camino, tu único objetivo es llegar al siguiente techo donde dormir. Para ello, sólo cuentas con la fuerza de tus pies y sobre todo con tu fuerza de voluntad. Comer una comida casera después de una dura etapa, escuchar un “¡Buen camino!” de alguien a quien acabas de conocer, poder darte esa ducha caliente en la que pensabas cuando la lluvia te calaba hasta los huesos. Eso, y sólo eso, será tu mayor preocupación durante el Camino.

2) Viajar ligero, para caminar mejor.

Cuanto más ligero sea tu equipaje, más fácil será el viaje. El no poder comprar casi nada en el Camino te obliga a ser selectivo con lo que necesitas realmente y lo que no. Como en la vida misma, comprendes que lo material tan sólo es un peso que suele crear más frustración que placer. Porque el mejor recuerdo que te traes del Camino no será el imán de la nevera, sino las anécdotas, los rostros amigos, y los paisajes grabados en tu retina para siempre.

3) El Camino interior.

Si algo he comprendido, es que el verdadero Camino no el es que caminan tus pies, sino tu mente. Vivimos en un mundo en el que tenemos tiempo para todo, menos para lo fundamental: pasar tiempo con nosotros mismos. No es de extrañar. El silencio y la soledad nos hacen reencontrarnos a veces con nuestros peores fantasmas. Pero ese tiempo es necesario para perdonar nuestros propios errores, observar nuestras emociones y dejarlas ir para poder avanzar y darle un sentido a lo que hacemos.

4) Caminar, para crear un camino.

Los célebres versos del poeta español Antonio Machado (“caminante no hay camino, se hace camino al andar”) ilustran a la perfección esta idea. Existen varios caminos oficiales que puedes seguir para llegar a Santiago, pero no son los únicos. De hecho, el primero de los caminos que recorres es el que empieza en tu mente desde el momento en que te propones hacerlo. El Camino lo haces tú, con la libertad de modificar la ruta “oficial” para adaptarla a tus deseos o necesidades. Tu único destino es Santiago (o Fisterra), pero cómo llegas allí sólo depende de ti. Vivir es lo mismo. Tu único destino debería ser conocerte a ti mismo, aceptar lo que no puedes cambiar e intentar mejorar un poco cada día. Cómo llegues a esa meta o cuánto tardes sólo depende de ti, lo importante es no parar nunca de “caminar”.

5) Caminar, caer, levantarse

La metáfora del peregrino nos ayuda a comprender que todo proyecto en el que nos embarquemos nos hará atravesar una serie de fases que debemos saber identificar para tener éxito. Cuando empezamos algo nuevo siempre lo hacemos ilusionados y llenos de buenas intenciones: “voy a ser constante”, “esta vez lo conseguiré”, “voy a dar lo mejor de mí mismo”. Sin embargo, con el paso del tiempo tendemos a perder de vista estos objetivos iniciales que nos habíamos marcado. De la misma manera, el cansancio y la rutina pueden enturbiar las etapas intermedias y sobre todo finales del Camino, haciéndote perder tu motivación inicial. En ese momento es muy fácil olvidar las razones que nos llevaron a dar el primer paso y que nos invadan pensamientos destructores: “¿por qué tomé esta decisión?”, “¿para qué intentarlo, si nunca lo consigo?”, “fue un error”, “ya me lo dijeron”… Una vez leí que el momento en el que quieres tirar la toalla, es aquel en el que más cerca estás de lograr tu objetivo. El Camino te enseña que continuar siempre tiene recompensa, y que a pesar de los obstáculos que puedas encontrar en tu recorrido no debes perder de vista tu objetivo inicial. Cada día te demostrarás a ti mismo que eres capaz de cosas que no habías imaginado, y te sorprenderás soñando con nuevas aventuras cuando tan sólo unas horas atrás tuviste ganas de abandonar.

 

 

¿Qué reflexión te ha gustado más? ¿Con cuál te sientes más identificado?

Si también has hecho el Camino de Santiago, te invitamos a compartir con nosotros las enseñanzas que te ha aportado.

¡Un abrazo nomadópatas!

Un comentario en “5 razones por las que el Camino de Santiago te cambiará para siempre

  1. Pingback: Consejos para hacer el Camino de Santiago — Sí comprendo

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